Enero empezó con frío, mucho frío. De ese que te corta la cara nada más salir por la puerta, de ese que te pone a prueba antes incluso de empezar. No había medallas todavía, no había tiempos, no había aplausos.
Solo una idea en la cabeza: “Este mes lo voy a hacer diferente.” Y la primera página de la historia no se escribió en asfalto…Se escribió en montaña.
32 kilómetros de trail.

El 11 de enero me fui a Portugal a ponerle el check a la primera gran prueba de fuego del año, correr 32 kilómetros con 1500 metros de desnivel en la serra de Portoalegre. Tierra, piedras, barro, subidas que parecían interminables y bajadas donde el cuerpo ya no frenaba como quería.
Ahí no importaba el ritmo. Ahí lo único que importaba era no romperse algo. Cada vez que dolía… seguía.
Cada vez que la cabeza dudaba… apretaba. Porque ese día no estaba compitiendo contra nadie. Estaba compitiendo contra mi cabeza, por que aunque pienses que no, siempre puedes un poco más. Y cuando crucé la meta de aquel trail, no me sentí “rápido”. Me sentí fuerte. Fuerte de verdad. De la fuerza que no se ve en una foto.

Media maratón de Sevilla
Pasaron los días. Y enero no aflojaba. Había entrenos que salían bien…y otros que salían a base de orgullo. Había sesiones donde el cuerpo pedía tregua, pero yo ya sabía algo: esto solo acaba de empezar. Y entonces llegó el último capítulo: La media maratón. 21 kilómetros de asfalto, pero esta vez con una cuenta atrás en la cabeza: 1 hora y 30 minutos. La barrera que separa el “está bien” del “has cambiado”.
El 25 de enero de 2026 siempre lo recordare por haber sido capaz de correr una media maratón en un tiempo que a mi parecer, es super digno. La salida fue difícil, de hecho, algo rara, desde el cajón 6, ni siquiera nos enteramos de cuándo se salió. Miles de personas a un ritmo muy muy lento me hicieron perder muchos minutos los primeros kilómetros, mucho zigzag, y mucho cuerpear para intentar buscar mi sitio. Los siguientes kilómetros se sentían controlados, como si el cuerpo estuviera jugando. Pero la media maratón siempre te cobra la factura.
Cuando mire el reloj por primera vez llevaba unos 5km y el ritmo por encima de 4:30, tocaba apretar mucho para cercarme al objetivo, aunque en ese momento lo veía complicado. En el kilómetro 10 empecé a encontrarme increíblemente bien. Una media de 4:00 el kilometro durante mucho tiempo me hizo bajar mucho el reloj.
Hasta que en el 15 empiezas a sufrir, tuve que tirar de gel y esperar que hiciese un milagro. Y en el 18 ya no corres con las piernas… corres con lo que eres. Y en ese momento me di cuenta de lo que soy, una persona que disfruta del deporte y se exige para dar lo mejor de él.
Unos últimos kilómetros por debajo de 4:00 me hicieron llegar al objetivo, solo tenia que mantener el ritmo. Ahí es donde se gana. Y cuando miré el reloj al final… lo vi. Sub 1:30. (1:29:54)

No fue solo un tiempo. Fue una confirmación. Que el trabajo silencioso funciona. Que el sacrificio suma. Que cuando te prometes algo de verdad… lo cumples.
Enero empezó salvaje: 32km de trail. Y terminó como tenía que terminar: media maratón por debajo de 1:30h. Reto conseguido. Pero lo más importante no es lo que hice… Es lo que ya sé que soy capaz de hacer ahora. Y esto solo es el principio. 🔥✅
Nos vemos en HYROX Bilbao….