Antes de nada… quién soy yo
Soy Sergio Martín.
Actual atleta de HYROX, entrenador, creador del proyecto 12·12 y uno de esos tíos que ha aprendido a base de golpes —tanto en la vida como en el deporte. No vengo de un talento especial ni de una genética de élite. Mi historia empieza más bien al revés: noches de DJ, cero disciplina, salud por los suelos y una vida que iba sin freno… pero hacia el sitio equivocado.
Un día descubrí el CrossFit y me llamó, pero poco después HYROX, y ahí todo cambió.
Encontré un deporte que no premia al más guapo del gimnasio, ni al que sube más stories, sino al que se parte la cara entrenando, día tras día, sin excusas, y poniendo por bandera la salud, el cuidarse de verdad y una comunidad que empuja más fuerte que cualquier ego.
Hoy vivo para esto:
Entrenar, competir, aprender y compartirlo con la gente que, igual que yo, quiere construirse desde cero y ver hasta dónde puede llegar.
No soy perfecto, no tengo una vida de anuncio, y no te voy a vender humo. Soy simplemente un tío que decidió apostar por sí mismo… y que ahora quiere contarlo.
Así que bienvenido. Este blog no va de postureo…Va de trabajo, de proceso, de fallar, de levantarse, y de lo que de verdad hay detrás de un atleta que quiere dejar huella. Te contare todo sin censuras, lo bueno, lo malo, lo que gusta y lo que no gusta.
Desde hoy, podrás leerme a lo largo de todas las locuras que se me vayan poniendo delante en todo un año. Será difícil, habrá baches, tendré que esquivar muchas piedras en el camino, pero… con vosotros se me hará más fácil, ¿te animas a acompañarme?

Noviembre: el camino torcido hacia el Mundial
Ese era el foco, la motivación y lo que daba sentido a cada entreno de estos meses. Pero el mes no salió como yo esperaba. La rodilla empezó a fallar justo cuando más necesitaba estabilidad. Tras el reto del pasado mes y todos los kilómetros acumulados en mis piernas, la bursitis de rodilla apareció…
Dolor, limitaciones, entrenos a medias…Y esa sensación constante de que el cuerpo no llegaba donde mi cabeza quería ir. Aun así, seguí. Porque cuando de verdad quieres algo, no te retiras: te adaptas y sigues.
Los entrenos de noviembre fueron un auténtico campo de batalla. No hubo semanas limpias, no hubo bloques perfectos y no hubo un solo día en el que la rodilla no me recordara que algo estaba fuera de sitio. Pero aun así, entrené. Hubo sesiones donde tenía que frenar el ritmo porque el dolor apretaba, otras donde cambié carrera por bici, trineos por fuerza controlada y series largas por trabajo más inteligente.
Noviembre me obligó a entrenar con cabeza, no con ganas. Algunos días salían decentes, otros eran un desastre, y otros simplemente cumplía —ni más, ni menos—, porque era lo que tocaba. Pero cada entreno, incluso los flojos, sumaron. Porque mantener la constancia cuando el cuerpo va a medio gas es mucho más difícil que apretar cuando te sientes invencible.


En vez de buscar mejorar marcas, busqué no perderlas. En vez de perseguir sensaciones, perseguí estabilidad. Y en vez de entrenar para rendir, entrené para llegar. Y aunque no fue el mes más espectacular, fue uno de los más importantes:
Noviembre forjó la base mental que me permitió presentarme el día 27 y competir.
Llegó el jueves 25, día de carrera, esta vez en parejas mixtas. Y aunque llevaba toda la semana con malas sensaciones, sin estar ni de lejos al 100%, algo dentro de mí sabía que tenía que salir y hacerlo igualmente. Lo mejor es que lo disfruté muchísimo. La energía de correr en parejas, la complicidad, el empuje y ese ritmo de “vamos a por todas juntos” me salvó la carrera más de una vez. Pero también fue una prueba mental enorme:
El cuerpo no respondía como quería, la rodilla molestaba y la cabeza iba en altibajos. Sabía que no era mi mejor día. Sabía que no estaba fino. Pero estaba allí. Entregado. Compitiendo. Con todo lo que tenía y disfrutándolo a mi manera.
Y al final… 1:01 un gran tiempo en un circuito que no era del todo rápido. La parte negativa… esa carrera había hecho que mis dudas se multiplicasen x 10000… dos días después me jugaba la clasificación al mundial.
Sábado 27: el día que la comunidad me salvó
Llegó el sábado. La rodilla seguía dando guerra, las sensaciones eran malas y mi cabeza estaba en tensión constante. Sabía que no estaba al 100%, que mi cuerpo no iba a responder como quería, pero había un objetivo claro: hacerlo y disfrutarlo con quien siempre me empuja a darlo todo.
Desde la mañana se notaba la energía en el ambiente. Llegué al evento con los nervios a flor de piel, sabiendo que la carrera en parejas iba a ser un reto, pero también consciente de que no estaba solo. Ahí fue cuando me di cuenta de lo que realmente hace grande a HYROX: la comunidad.
Traje a toda la gente de mi box, a los que entrenan conmigo día tras día, a los que saben lo que significa pasarte meses sufriendo y dándolo todo.
Ellos estaban allí, empujándome, animando cada posta, celebrando cada esfuerzo y recordándome que, aunque el cuerpo fallara, no estaba solo. Cada kilómetro de carrera, cada trineo, cada burpee se hizo más ligero porque sabía que no lo hacía solo. Porque ellos gritaban, porque ellos estaban presentes, porque juntos creamos energía que supera cualquier dolor o mala sensación.
Y así, hasta el km 8, fuimos sumando esfuerzos, tirando de cada uno, riendo, sufriendo y celebrando cada pequeño avance.
Ese día no fue perfecto, ni fue mi mejor carrera, ni las sensaciones fueron las ideales…Pero fue épico. Porque me recordó que HYROX no es solo fuerza, velocidad o resistencia. HYROX es comunidad. Y entre todos sacamos esa marca, 1:03 y un tercer puesto con sabor agridulce. Ese día, mi comunidad me salvó.
No estaba del todo contento pero…NOS ÍBAMOS AL MUNDIAL. Porque clasificar para el Mundial en estas condiciones no va de piernas:
Va de resiliencia, de comunidad, de confiar en tu pareja y en ti cuando las sensaciones dicen lo contrario.
Noviembre no fue perfecto. Pero fue real. Y fue decisivo. Porque si algo he aprendido es que a veces no necesitas un gran día para lograr algo grande. Solo necesitas no rendirte. Solo necesitas confiar en ti.
Firmado , Sergio Martín
