Hay retos que nacen de meses de planificación. Y luego están los que empiezan con una simple calentada.
Nuestro embajador Álex Escudero, más conocido como El Vasco de Chamberí, pertenece a ese segundo grupo. Lo que comenzó como una broma entre amigos ha terminado convirtiéndose en un desafío de los que ponen a prueba mucho más que las piernas: correr desde Madrid hasta San Sebastián para llegar, literalmente, a la boda de su mejor amigo.
Durante los próximos días recorrerá cientos de kilómetros con una fecha límite inamovible, acumulando kilómetros, historias y momentos que seguro no olvidará. Antes de ponerse en marcha, le hemos pedido que sea él mismo quien cuente cómo nació esta locura y qué significa para él enfrentarse a un reto así.

Os dejamos con Álex:
(Actualización del reto: 7 etapas completadas)
Todo esto empezó por una broma entre amigos. El año pasado, hablando de la boda de mi mejor amigo en San Sebastián, salió el típico “no hay huevos”. Y, como muchas veces pasa, respondí con un “¿que no hay huevos?”. Así nació la idea de recorrer corriendo la distancia entre Madrid y San Sebastián para llegar justo a tiempo a la boda.
No es un reto abierto en el tiempo. Tengo que llegar sí o sí el 9 de julio, porque el día 10 empieza la preboda y esa no me la puedo perder por nada del mundo. Así que, además del desafío físico, tengo la presión de cumplir los plazos.
De momento ya llevo siete etapas completadas, corriendo unos 30 kilómetros al día, y todo está yendo incluso mejor de lo que esperaba.
Estos primeros días me han permitido descubrir un montón de pueblos de esa España menos conocida, con muy pocos habitantes y muchísimo encanto. También he vivido uno de los momentos más duros del reto, que fue cruzar toda la sierra. Tocó subir hasta el pico y después bajar ya hacia la zona de Segovia. Sin duda ha sido la etapa más exigente hasta ahora.

A nivel físico, los primeros días las piernas estaban bastante peor. También arrastro una pequeña molestia en el tobillo, pero me hago un buen vendaje antes de correr y, por suerte, está respondiendo bien. Lo que más noto no es una etapa concreta, sino la acumulación de kilómetros. Nunca he sido ultrafondista y correr 30 kilómetros todos los días hace que las piernas pesen. Aun así, después de una semana seguida, el cuerpo parece que se está acostumbrando y ahora me encuentro mejor de lo que esperaba, especialmente de piernas. Mentalmente también voy fuerte.
Donde más he sufrido ha sido con el calor. Al principio salía demasiado tarde y acababa muchas etapas cerca de las dos de la tarde, con temperaturas por encima de los 35 grados. Llegaba un momento en el que el cuerpo prácticamente dejaba de responder. Ahora estoy empezando a salir mucho antes y se nota muchísimo terminar la etapa antes de que apriete el calor.
En cuanto al ambiente, está siendo una pasada. Durante la semana me acompañaron mis hermanas y el fin de semana se unieron también mis padres, mi cuñada y mi perro, así que pudimos estar todos juntos. Ahora empieza una nueva semana y ellos ya han vuelto a casa. A partir de aquí seguiré acompañado por mi amigo Víctor, que me ayudará con los avituallamientos y con toda la logística para que yo solo tenga que preocuparme de correr.
Además, cada día se sigue uniendo gente para compartir algunos kilómetros conmigo, y esta semana ya sé que vendrán varios amigos. Es una de las cosas más bonitas del reto, porque hace que cada etapa sea diferente.

Ahora llega una parte importante del recorrido. Me toca afrontar la sierra entre Castilla y León y La Rioja, con etapas de bastante desnivel que probablemente serán de las más duras de todo el reto. Tengo muchas ganas de afrontarlas y ver cómo responde el cuerpo, pero el objetivo sigue siendo el mismo: llegar a San Sebastián el 9 de julio para no perderme la boda de mi mejor amigo.
Y, por último, quería dar las gracias a toda la gente que me está acompañando durante este reto. A todos los que habéis venido a correr conmigo, a los que me animáis desde redes sociales y, sobre todo, a mi familia. Estos días me lo han puesto facilísimo y me han cuidado como un auténtico marajá para que yo solo tuviera que preocuparme de correr y crear contenido.
Porque al final el reto no consiste solo en hacer 30 kilómetros al día. También implica estar grabándome prácticamente todo el tiempo, editar los vídeos cada tarde, subir el contenido, responder a la gente y seguir activo en redes cuando lo único que te pide el cuerpo es descansar para levantarte al día siguiente y volver a empezar. Está siendo tan exigente la parte física como todo lo que hay alrededor, pero precisamente eso es lo que está haciendo que esta experiencia sea tan especial.
